Con permiso de Rosalía Sierra que es la autora de la entrevista y de Diario Médico donde fue publicada, reproduzco este artículo que no me atrevo a comentar, porque la verdad lo es en sí misma.

Un cáncer le robó una pierna, un pulmón y medio hígado, pero no el humor. Albert Espinosa retrató su vida en Planta 4ª y da charlas a médicos porque, dice, "la información cura".

Estuvo hospitalizado de los 14 a los 24 años. ¿Cree que los hospitales están hechos para la gente?

-No, creo que faltan cosas básicas, como áreas comunes, donde pueda estar la gente. Nosotros teníamos un grito de guerra: "No moriremos de cáncer, moriremos de aburrimiento". Los hospitales están hechos para aburrirse. También hay cosas que parecen pequeñas pero son importantes, como que no haya una mesa para poder comer. La gente viene a visitarte y te mira comer en la cama, y a veces te encuentras bien y quieres comer sentado, pero no hay mesa. En general, los hospitales están pensados para estar durante cortos periodos y el tiempo que dura el ingreso es como si la vida se cortara, cuando debería ser al revés: se pueden tener experiencias maravillosas.

Después de hacer una carrera de diez años, ¿qué le queda por aprender a un médico?

-Muchas cosas. Yo me he encontrado oncólogos que me preguntan cómo decirle a un enfermo de cáncer que tiene cáncer. No hay que minusvalorar a un paciente. Se cree que si un médico le pregunta a un enfermo es porque no sabe hacer su trabajo, pero no es así: somos la otra parte de la historia, y conocerla enseña mucho. Creo que los médicos que han pasado una enfermedad han comprendido cosas fundamentales que quizá no se las pueden explicar en la facultad; lo que ocurre es que las preguntas que tiene el paciente no se parecen en absoluto a las que el médico cree que necesita responder.

Todo está muy enfocado a hablar de tratamientos, tiempos de curación, secuelas, etc., pero lo que realmente importa es el día a día. Alguien me dijo que lo que realmente le preocupaba era cómo explicar a su hija pequeña que tenía cáncer. Parece que a los médicos no les preocupa el entorno, lo que realmente pierde el paciente, y es lo más necesario para una persona.

¿Y cómo se toman los médicos que un paciente les dé clases?

-Hay una receptividad muy alta. Casi nunca me he encontrado médicos que no quieran escuchar y utilizar lo que aprenden. Yo no les digo cómo se tienen que comportar, sólo cuento mis ejemplos, lo que he vivido en un hospital. Está bien que tengan ejemplos, porque normalmente sólo tienen libros.

Alguna vez ha dicho que la información cura. ¿Cuál es esa información?

-De todo tipo. Cuando voy a ver a niños y adultos con cáncer noto que lo que más tienen son preguntas. Hay que preguntar al médico, pero hay miedo de que no responda o se moleste. Con dudas es más difícil curarse porque no te esfuerzas para ello. Hasta que aquel hombre no solucionó cómo hablar de su cáncer con su hija no podía curarse.

Planta 4ª se proyecta en hospitales. ¿Qué efecto tiene? ¿El cine también cura?

-Más que curar, mejora la situación: a raíz de la película aumentaron un 65 por ciento las visitas a los niños hospitalizados. La gente los veía como críos sin pelo mirando un gotero con cara de tristeza. Se ha creado un tópico del niño con cáncer que hace que la gente deje de ir a verle. Y de pronto, gracias a la película, se vio que son niños que están sanos, que pueden jugar al fútbol, salir, hacer bromas... Por eso muchos hospitales tienen ahora la cinta para que los niños la vean en sus primeros días ingresados.

¿La realidad supera a la ficción?


-Sí, sin duda. Muchas veces durante el rodaje de Planta 4ª tuvimos que cambiar cosas porque Antonio Mercero me decía "esto no es creíble", aunque yo sé que pasó en el hospital. Debemos conseguir que los pacientes expliquen esa realidad, que no tengan temor. No hay nada malo en hablar de la muerte, del dolor y mucho menos del cáncer, porque cuanto más se hable menos miedo se tendrá. Por ejemplo, poca gente sabe que el 80 por ciento de los cánceres no causan dolor físico: yo no lo sufrí jamás y tuve tres.