Malos pensamientos
Mademoiselle de Beauville era una señorona de vida acomodada que contaba entre su servicio con una camarera bella y alegre. Tanto al menos como para sospechar que a su marido le tenía enamorado. Por eso, para deshacerse honestamente de la peligrosa camarera, colaboró cuanto pudo en conseguirla casamiento. Pronto llegó el primer embarazo y tras los meses consabidos, un parto de tres hijos.
Mal asunto este, pensaba para sí
Ocurrió entonces, que poco después Mademoiselle de Beauville tuvo que anunciar su propio embarazo. Y tanto embarazo tuvo, que llegado el momento fueron nueve las hijas que dio como resultado. Castigo de Dios para que se avergonzara de su calumnia, interpretaron muchos. En cualquier caso, una buena jugarreta del destino para quien sostenía encarnizadamente, que de un solo hombre no se podían concebir, como máximo, más de dos hijos, puesto que el hombre no tiene más que dos genitales. Así pues, he aquí las cuentas; si dividimos nueve entre dos, salen a cuatro hombres y otro que debió esforzarse lo mínimo. De todas formas el escándalo estaba servido. Por eso, temiendo la difamación que se le avecinaba, la demoiselle ordenó a su camarera que ahogara secretamente a ocho de sus hijas.
Ocurrió sin embargo, que llegando el marido de caza encontró a la criada llorando amargamente. Enterado de la estrategia, hizo criar secretamente a las ocho hijas y cuando fueron mayorcitas, las presentó ante su señora. Y así fue como desde entonces, todo el mundo supo que no era más que una mala opinión la que había tenido de él respecto a la lozana camarera.
Un poco larga esta prueba de paternidad, pero efectiva para los mal pensados.
