Evitarlas es fundamentalmente cuestión de prudencia. Todos sabemos cómo combatir el calor. Recordar las posibles consecuencias supone un primer paso hacia la prevención.
Agotamiento por calor: provocado por una excesiva pérdida del agua y la sal del sudor, están más predispuestos los ancianos, hipertensos y quienes frecuentan ambientes muy calurosos. Sudoración demasiado abundante, piel pálida, pulso débil y respiración acelerada son síntomas principales. Puede haber vómitos y la temperatura generalmente es normal o apenas algo elevada. Lo más importante es beber despacio y espaciando los sorbos. Antes de reanudar la actividad física, mejor sentarse un rato a la sombra.
Sarpullido por calor: la piel ofrece un aspecto enrojecido, con granos o pequeñas ampollas. Puede aparecer en el cuello, pecho, ingles, debajo de los senos o la parte interna de los codos. El mejor tratamiento es mantener la zona afectada lo más seca posible y evitar cremas que
Calambres por calor: calambre muscular originado cuando se combina esfuerzo y calor. Lo mejor es pararse e intentar estirar el músculo afectado. Además, conviene beber líquido.
Golpe de calor: cuadro grave que de no tratarse a tiempo puede provocar daño cerebral irreversible e incluso ser mortal. Existen dos tipos:
Con pérdida de líquidos: se llega a esta situación de tanto sudar y/o por no beber lo suficiente. El cuerpo pierde entonces la capacidad de eliminar adecuadamente el calor.
Sin pérdida de líquidos: pese a estar bien hidratados, la temperatura ambiente es tan alta que el cuerpo no elimina bien el calor.
El síntoma principal en ambos casos es la piel muy caliente y pálida. Las pupilas están dilatadas, el pulso acelerado, la respiración agitada y disminuye la eliminación de orina. ¿Qué hacer en estos casos? Lo primero, trasladar al afectado a

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