Tenemos un auténtico termostato dentro de la cabeza. Funciona como cualquier otro. Su misión, mantener el cuerpo a 37ºC. En invierno, para generar calor, provocará que tiritemos y quememos grasa. En verno refrescará nuestro organismo haciéndonos sudar. La piel está llena de sensores. Son 90.000 sensores repartidos por la piel los encargados de informar al cerebro de la temperatura ambiente. Cuanto más calor en el exterior, mayor cantidad de sensores se activan.
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