El pus que cura
Durante toda una época, se tenía por cosa natural que tras una intervención quirúrgica las heridas se infectaran. El pus era considerado por los expertos como un signo legítimo, necesario, beneficioso e incluso indicativo de una evolución favorable. Aunque tal evolución consistiese la mayor parte de las veces, en tres meses de continuas fiebres purulentas que solían acabar con la vida de la inmensa mayoría de los recién operados. A pesar de todo, el pus se había ganado incluso el apellido de loable.
Roger Frugardi fue un cirujano de Salermo, al que como todos los de su tiempo, ni se le pasaba por la cabeza la idea de
Por eso cuando terminaba todas sus operaciones, colocaba varias tiras de jamón en las heridas de los pacientes. Porque nada había mejor para provocar el famoso pus loable.
La mente humana está llena de contrasentidos. Pero como dijo Pitigrilli, ser hombre es ya por sí mismo una circunstancia atenuante.
